La muerte del viejo hombre.

El ser humano siempre está en busca de diversas opciones que lo lleven a la felicidad. El ser humano desea un nuevo mundo donde ya no existan dolores ni tristezas, pero ¿Como puede ser posible esto mientras el hombre interiormente siga siendo el mismo? ¿Es posible ser testigos del nacimiento de un nuevo mundo? ¿Es posible cambiar nuestro exterior mientras seguimos siendo los mismos interiormente?

El cambio que se debe llevar a cabo en realidad no es en el mundo. El mundo o nuestro planeta funciona perfectamente bien. El mundo siempre es el mismo, la naturaleza siempre lleva un ciclo constante, la leyes físicas siempre están allí balanceando todo. Lo que realmente queremos o anhelamos no es que el mundo cambie; sino la humanidad. Porque es la humanidad la que está siguiendo un camino retorcido, es la humanidad que se hunde en guerras, es la humanidad que mata por odio, es la humanidad que utiliza el nombre del Creador para justificar sus actos malvados. No son las plantas, los peces, el mar, las aves o las diversas especies que llenan este mundo quienes deben cambiar, somos nosotros, los homo sapiens que hemos olvidado nuestra verdadera naturaleza espiritual.

En gran parte está sociedad moderna ha impulsado al hombre a transformarse en un ser vacío de espiritualidad, se ha preocupado mucho en el crecimiento intelectual del hombre, pero ha olvidado llevar al hombre al conocimiento de su íntima esencia interior.

Para que podamos ver una nueva humanidad debemos dejar morir al antiguo hombre. Ese antiguo hombre que fue herido por los sistemas asfixiantes, por las religiones alejadas de la espiritualidad, por las sociedades esquizofrenicas que han llevado a la humanidad a la locura, que ha sido víctima del miedo, el dolor o la ignorancia. Dejemos morir a ese viejo hombre, es necesario, no queda otra opción, su muerte dará paso al nacimiento de un hombre nuevo y mejorado, libre de todas las ataduras que le han sido impuestas, con una nueva visión más profunda y conectado con su Creador.

Es simple, todo en este mundo material llega a su final, no existe otro camino. Así como la semilla al caer en tierra y morir abre paso a una nueva existencia, así también el alma del hombre debe morir y revivir constantemente. mientras insistas en que ese hombre viejo siga existiendo no podrá experimentar una mejor existencia, mientras insistas que ese hombre controlado por sus pasiones, atado a dogmas, atado al sectarismo o al corrosivo materialismo exista, serás un reo de la carcel del mundo fisico, permaneceras atrapado dentro de la cáscara sin dar frutos, sin transformarte en un árbol fuerte, con raices firmes y pululante de vida.

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