Si solo viéramos lo caótico que es este mundo, la manera en la que se viola el derecho de los más débiles, seríamos seres muy infelices y desdichados.
¡Quizás ya hayamos sentido este sentimiento! Es normal, es parte de la sensibilidad de la mente, pueden llegar esos pensamientos de decepción… Pero debemos ver más allá de todo esto, debemos creer con firmeza que existe un mundo mejor, y que este es solo parte de una experiencia para nuestra alma.
Creo que debemos hacer un escudo espiritual, un escudo alrededor de nuestro corazón, de nuestra mente y de nuestra alma. No hablo de usar una máscara de hipocresía, haciéndole creer a todos que nada de lo que ocurre nos importa cuando en realidad no es así, sino que este escudo debe ser un escudo de resiliencia y resignación, comprender que este mundo físico es caótico y que nada puede cambiar así por así, es cuestión de tiempo, es cuestión de evolución, solo debemos aceptar que estamos aquí, y que debemos dar lo mejor de nosotros, ser parte de una transformación más profunda.
Lamentarnos de nada sirve, poner la fe en algún sistema político o religioso, es inútil. Comprendamos que no es fuera de nosotros donde comienza la transformación global, sino dentro de nuestro ser.

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